

Vibra parte de una idea sencilla: usar el diseño para introducirse de lleno en la pintura, no para domesticarla. El objetivo no es ilustrar un rostro, sino construir un campo de fuerzas donde ese rostro apenas se sostiene. Ahí surge un encuentro. No es un tema expresivo en un sentido romántico; es un protocolo de trabajo.
Se trabaja el rostro como interfaz. No como identidad, sino como superficie de lectura. Goya nos enseña el peso de la negrura que sumerge la figura. Saura, la caligrafía que hiere y recompone. Entre ambos hay una metodología: organizar lo líquido y mantenerlo inestable. El diseño aporta esa organización mínima. La pintura aporta la inestabilidad necesaria.
Construcción de la forma
La forma nace de capas que no encajan del todo. Cada capa propone un gesto, una dirección, un ritmo. Cuando se superponen, la coincidencia es parcial y aparece un temblor óptico. Ese temblor no es un efecto: es la evidencia de que los gestos compiten. La figura se reconoce y a la vez se pierde. El rostro se arma por aproximaciones y por huecos. Los huecos no son silencios; son zonas de presión que obligan al ojo a completar.

Metodología pictórica desde el diseño
El diseño aparece para ordenar operaciones: anticipar, probar, revisar. Anticipar no es bocetar “la imagen”, es fijar las condiciones de juego: rango de gestos, velocidades, zonas de choque. Probar implica generar variaciones dentro de ese marco y forzar colisiones. Revisar es decidir cuándo parar, que es el punto clave: detener la figura justo antes del colapso. Ese instante sostiene la vibración.
Cada decisión se piensa como un parámetro ajustable: densidad de capas, proporción de figura/fondo, grado de apertura de la línea, contraste interno de la mancha. No se busca el mejor valor; se busca el intervalo donde la forma oscila entre dos lecturas posibles. Si el rostro se fija, retrocedemos. Si se disuelve, recuperamos anclajes. El proceso es iterativo y consciente, pero deja margen a lo imprevisto. El error no se corrige enseguida; se integra para aumentar la tensión.
Del cuadro al tiempo
El audiovisual no traduce el cuadro; expone su tiempo. Se trabaja con micro-desplazamientos de las capas y oscilaciones mínimas de la línea. No hay narrativa. El objetivo es mantener al ojo atento al ritmo que se marca. La oscuridad funciona como un “silencio” que hace audible la vibración del trazo. La animación simplemente vuelve visible ese pulso.






< View all work >
Contacto
martin@martinsati.com
...
Info
Términos y Condiciones
Política de privacidad
Copyright © 2026 Martin Satí.