

Proyecto que se origina a partir de una exposición colectiva en LAB Sevilla sobre el 125 Aniversario de Little Nemo, una obra fundacional de la historieta moderna creada por Winsor McCay.
Esto ha servido como excusa para pensar sobre el cómic, sobre la retícula y se ha buscado un punto de vista que lo forzara a cambiar de estado; pasar de secuencia dibujada a estructura. De relato a construcción. En el cómic, la viñeta organiza el tiempo.
La idea con este proyecto ha sido focalizarse en la ventana como estructura y en el sueño como un imaginario que mueve el soporte arquitectónico. El proyecto se dibuja como un Plano Base que es la historia que cuenta Winsor McCay y un Plano Fachada que viene a referirse al marco o ventanas de la historieta.
A partir de aquí se trabaja con una idea concreta: el Plano de Secuencia Estructural es lo simbólico como potencia que mueve la geometría. [SSP = S ⟂ G].
La viñeta deja de ser un contenedor de imágenes y pasa a ser un vacío operativo. Aquí mandan un Significante Amo que gobierna la escena, el Deseo como motor, la serialización o cadena significante que produce sentido por contigüidad, el punto de anclaje que une significante y significado, la ruptura donde la cadena se rompe y el despertar como final y donde se produce el resto.
Dicho esto, el cómic posee una arquitectura del lenguaje paramétrico donde integra en su geometría un ritmo y un afecto que modifican su estructura. Su sintaxis se establece en: módulo, vacío, deriva, alteridad y ritmo, y cada uno de ellos posee unos parámetros que hacen que la cuadrícula se vea alterada según la historia.
Lo normal es que un sueño no sea una historia limpia sino un vacío interrumpido por pequeñas evidencias. Marcas. Fragmentos de texto. Vectores. Líneas de construcción. Dibujos lineales. Señales mínimas que no cuentan la escena, pero dejan constancia de que ahí hubo narración.
Lo interesante es dejar ver esas huellas y observar cómo operan al despertar: no recuerdas el sueño entero, pero te quedas con pequeñas cosas. Un borde. Una palabra suelta. Una dirección. Un gesto. Ese resto no reconstruye el cómic, pero mueve el marco. Lo activa desde dentro. La ventana ya no es un contenedor neutro: se convierte en un lugar afectado por lo que falta y por una fuerza emocional pasajera.
En esa lógica, las ventanas (viñetas) funcionan como arquitectura, pero una arquitectura con interferencias. La retícula está, sí, pero no como un espacio ordenado. Está como sistema tensionado por una memoria dispersa. Y ahí se entiende mejor la idea central: el plano secuencial no se limita a organizar; se transforma en potencia simbólica que desplaza la geometría. La geometría no desaparece, pero deja de mandar.
Cada pieza de Sweet Slumber es, por tanto, una lectura concreta de una plancha distinta de Little Nemo. La lectura se hace “dibujando su funcionamiento”: su ritmo, sus repeticiones, sus cortes, su manera de acelerar o de estirar el tiempo.
Aquí el suelo importa. En Little Nemo el suelo es una trampa constante: se hunde, se mueve, se convierte en escalera, en cama, en abismo. Es un ancla que parece firme y de pronto ya no lo es. Es una tempestad que arrasa con todo. Con un final de un amanecer en una isla con los restos alborotados de un naufragio y sin recordar muy bien qué ha pasado.
Serie limitada de 10 dibujos (una pieza por lectura / una plancha por obra) impresos en una vieja y defectuosa impresora láser y fragmentos de papel recortados y pintados a mano en dos capas superpuestas. Tamaño 30x40 cm





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